Por Humberto Rincón Álvarez
Soy un profesional en Mercadeo, esta condición me ha convertido en un consumidor muy exigente con quienes me proveen bienes y servicios, casi hasta el punto de que me he vuelto maniático en la exigencia de buenos productos y sobre todo un excelente servicio a cambio de mi dinero. Hoy les quiero contar la siguiente historia porque hasta quienes estudiamos y vivimos en este campo nos equivocamos en nuestras adquisiciones.
Hace algunos meses decidí salir de casa de mis padres y conseguir un apartamento con el objetivo de comenzar el ciclo lógico que atraviesa todo, o casi todos, cuando tiene edad y herramientas para valerse por sí mismo; como era lógico no tenía un solo objeto con qué llenar ese nuevo espacio. Fue entonces cuando me puse en la tarea de buscar lo esencial: una cama.
Emprendí una búsqueda por los almacenes de la ciudad buscando algo que supliera mi necesidad, caminé muchos lugares de Bogotá comparando calidad, diseño y precio, hasta terminar en un almacén ubicado en el centro comercial Santafé, llamado Ambientes de Hogar, para ese momento ya estaba cansado de caminar y al entrar una amable vendedora se me acercó preguntando qué estaba buscando. Le comenté sobre lo que buscaba a lo cual respondió efusivamente, como buena paisa, indicando que tenía en promoción justo lo que requería. Me enseñó una cama en madera flor morado con un diseño estructurado y a buen precio en comparación con lo que había encontrado en otros establecimientos.
La verdad ya estaba agotado y al no conocer bien la ciudad y no querer recorrer más lugares creí que había encontrado lo que quería al costo que lo quería, fue entonces que me decidí a comprar esa cama. En este punto, la empleada me ofreció otra promoción: la cama junto con sala y comedor por un excelente precio, hice mis números y vi en esto la oportunidad perfecta para amoblar completamente el apartamento que había acabado de conseguir, hicimos la orden de pedido escogí los materiales y el color de los productos.
Después de realizar el pedido y cancelar el 50%, ella me dice que se tardarían dos semanas en despacharlos a mi casa; lo consideré sensato por el tema de las pinturas y los materiales que deseaba, después de esto le dije a la vendedora que no tenía cama dónde dormir a lo que me respondió que si desea la cama me la podían entregar al fin de semana siguiente y solo tendría que pagar el flete por su entrega ya que era un servicio parcial. Fue aquí donde comenzó mi mala experiencia con este almacén, pues además de realizar el envío a altas horas de la noche mi cama llegó con algunos raspones. Días más tarde cuando debí cancelar el 50% restante del costo de mis compras advertí sobre la pésima forma como trasportan sus artículos y por los rasguños con los que llegó el producto.
El segundo problema se presentó con la entrega de los artículos faltantes, pues nunca cumplieron con la fecha de entrega. De todos modos, esperé paciente durante tres días, luego de esto llamé a indagar sobre las causas del retraso, los responsables del almacén me explican que dicha entrega ya se debió hacer, luego se comunicaron con la fábrica desde donde se hacia el despacho. En la factoría se disculparon diciendo que se les había presentado un problema con la pintura, que al día siguiente cumplirían. A pesar de todo, no me sorprendí al corroborar un nuevo incumplimiento, al llamar de nuevo me dijeron que ya habían sido despachados que el transportador llegaría con ellos en cualquier momento, pasaron dos días más y los muebles no llegaban, para ese momento mi paciencia se había colmado y envié una dura carta por fax al almacén.
Después de tantos percances el comedor y la sala llegaron y al momento de firmar la orden de entrega, para mi sorpresa me dicen que les adeudaba el valor del trasporte, el cual me negué a pagar ya que días antes había cancelado el resto de la compra, los muebles llegaron con más rasguños y lo peor, con pésimos acabados, motivo por el cual volví a reclamar. “No se preocupe mandaremos un técnico a que los evalué”, me respondieron.
Días después la amable vendedora me deja un mensaje en mi celular donde me dice que no puede ordenar la visita del técnico hasta que no cancele lo que supuestamente debía del transporte, en la semana siguiente debí regresar al almacén con las facturas a explicar que ya todo estaba cancelado, me senté con el administrador y este hizo de nuevo el recuento de los ítems diciendo que efectivamente esto se debía cancelar, ya cansado de discutir con estas personas accedí a cancelarlos, días después cuando debí llamar de nuevo porque no me habían prestado el servicio técnico, el administrador me dice que efectivamente yo tenía razón y que no debía nada -nunca se preocuparon en llamar a notificarme de esto- que me acercara al almacén para la devolución de mi dinero, me negué y le dije que no pensaba regresar nunca más a ese almacén. Me imagino que en su preocupación por tener en su poder un dinero que no le pertenecía, lo motivó a ir hasta mi oficina a realizar la devolución.
De otro lado, el servicio técnico llegó y la solución que dio fue sacar un tarro de su maletín con un poco de pintura y cubrir los rasguños con el dedo. Finalmente quedé con un producto en malas condiciones a pesar de que era nuevo y con la mala experiencia de la compra en este lugar, quedaron de mandar a recoger los muebles para hacer un cambio, pero nunca más volvieron a llamar, ya cansado de esto decidí dejar las cosas así y quedarme con unos muebles que nunca me satisficieron.
Ambientes de Hogar debería de aprender almacenes como Tugó donde meses después compre una cama nueva, que me fue entregada en los plazos acordados y bajo las mejores condiciones en que podía llegar un producto.
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