Samir Antonio Campo Escudero
Esta es una de las frases más escuchadas por estos días en todo el país debido a que desde octubre del año pasado tenemos abierto el cielo y desde entonces no ha parado de llover en Colombia, y es eso lo que desde la política de salud pública se conoce como la modificación del perfil epidemiológico no solo de las ciudades, sino del país en general.
De eso somos víctimas todos, especialmente las mamás de los niños entre 0 y 10 años que desde entonces no cesan de llegar a las salas de urgencias de muchos centros prestadores de servicios de salud en el país con los síntomas propios de las enfermedades respiratorias; y haciendo parte de ese grueso social, mi esposa y yo no fuimos la excepción.
Mi hijo de 8 años, en una tarde de domingo después de haber salido a jugar fútbol durante parte de la mañana, pronunció la famosa frase terminado el almuerzo, ante lo cual mi esposa en su amplio conocimiento del cuerpo humano y de su hijo de paso, con solo tocarle las manos diagnosticó una fiebre que no paro durante toda la noche; y que mantuvo al “príncipe de la casa” no solo indispuesto, sino también a su mamá en especial, pendiente de cualquier tipo de evolución.
No en mejores condiciones la situación, nos vimos en la obligación de visitar a la clínica que atiende todas nuestras urgencias de un tiempo para acá: La Clínica del Country. Tal como estaba presupuestado, las urgencias pediátricas estaban a reventar y muchos niños como mi hijo, que compartían casi sus mismos síntomas entre la impaciencia y el llanto nos hacían pensar que la jornada estaría más larga que lo presupuestado.
Llegado el triage, la enfermera que nos atendió nos notificó que el turno de consulta con el pediatra tenía un retraso promedio de 2 horas ante lo cual la fiebre de Juan, abandonó la ciencia para entrar en la dinámica de las abuelas con las compresas de agua fría y las maravillas del dolex.
Habiendo pasado una hora de espera una funcionaria de la unidad de servicio al cliente de la clínica apareció mencionando el nombre de mi hijo, diciéndonos que por falta de espacio en esa zona nos desplazarían a otra unidad de consulta adecuada en el segundo piso de la carrera 16, donde después de 10 minutos de espera un amable médico atendió con toda la paciencia y calidez no solo las dolencias de un niño de 8 años, sino la angustia e incertidumbre de un padre inexperto y de una mama “intensa”.
Manejar clientes resulta complejo, pero más complejo aún resulta darles manejo a clientes con demandas tan específicas y sensibles como las que produce el detrimento de la salud. La Clínica del Country ha entendido claramente eso y ha trabajado siempre por buscar el mayor grado de comodidad posible de sus clientes y usuarios, espero que con el tiempo eso se siga manteniendo y sirva de ejemplo para muchas instituciones prestadoras de servicios de salud que deben entender que quien consulta es más que un número de historia clínica y posiblemente más que una mamá intensa
No hay comentarios:
Publicar un comentario