miércoles, 22 de junio de 2011

UN INSTRUMENTO MUSICAL.

Samir Campo

Nos gusta la música. No podemos vivir sin ella, muestra de eso es el amplio incremento de la compra y el consumo de los aparatos digitales dispuesto para tal fin. En mi caso particular no solo me gusta la música sino que desde adolescente hago música, razón por la cual dedico este espacio a la experiencia de compra de un buen instrumento musical, que resulta tan complejo como hacerse a un buen par de zapatos.

El plan del sábado con mi esposa y mi hijo de 8 años fue salir a comprar un bongó (uno de mis instrumentos favoritos de percusión); un producto casi que especializado, para un consumidor y comprador igual, situación que nos exigió ir a una zona de la ciudad con tiendas única y específicamente dedicadas a tal fin.

La primera tienda a la que entramos estaba caracterizada por un par de vendedores y soluciones indiferentes sumadas a un precio de referencia bajo que aunque atractivo, dejo la venta detrás de un mostrador gracias a un vendedor apático y sin mucho conocimiento, lo anterior no teniendo en cuenta la carencia de surtido existente.

Continuamos caminando llegando una tienda de instrumentos musicales, que aunque gozaba con un poco más de surtido en cuanto a percusión se refiere, me recibió con una descarga de Black Metal y Heavy Rock que impidió entender la amabilidad del vendedor y los precios de los instrumentos a la venta. Otro intento frustrado.

Ad portas de salir a otro punto de la ciudad, llegamos a una tienda de tres plantas; en el primer piso encontramos pianos, teclados, y todo lo correspondiente a sonido; en la segunda planta había todo tipo de cuerdas y metales: desde guitarras básicas hasta fagots o oboes y en el tercer piso llegamos al universo ideal de un percusionista o cualquier persona que haga sus veces: todo tipo de instrumentos de percusión, en todos sus colores, formas, sin dejar de lado las nuevas tecnologías; sumando la amabilidad de un vendedor experto que le permite a sus futuros compradores vivir la experiencia con su instrumento favorito en un espacio amplio y lleno de todo tipo de posibilidades.

Compré un bongó negro de marca LP Aspire edición Santana año 2009, que sin duda era más caro que cualquiera de las opciones vistas con antelación, lo cual me permite terminar haciendo algunas analogías y conclusiones propias del reto de comprar y vender; estos actos son una conjugación de factores tales como una sinfonía donde un compas puede marcar la diferencia, donde vendedor y consumidor pueden salir con lo mejor, sólo si cada uno pone lo mejor de sí en el ejercicio.

Señor vendedor o productor, si quiere hacer de su canción la número uno de la lista, tenga en cuenta que necesita músicos de calidad y lo suficientemente creativos para hacernos bailar o pedir su canción en la radio; mientras eso pasa, seguiré haciéndole un poco de ruido a mis vecinos y disfrutando de la música como espero disfrutar mis siguientes compras de instrumentos.

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