lunes, 20 de febrero de 2012


LAS FOTO MULTAS EN LA CIUDAD DE MEDELLÍN
Tatiana Brito Mejía
Mistery Shopper Corner
La Republica

Como consumidora de la infraestructura del país y cliente del Estado porque me provee un servicio al cual tengo derecho, quiero hacer un llamado de atención a la Secretaría de Transportes y Tránsito de Medellín que está atacando al comprador del producto y no al consumidor de este.

El día 2 de enero de 2012 estaba de vacaciones en la ciudad de Medellín con el carro de mi madre comprado y matriculado en la ciudad de Armenia, Quindío. Fui de compras al Centro Comercial Mayorca y tomé la Avenida Regional caracterizada por no tener cogestión de carros. El lunes 16 de enero de 2012 llegó a mi casa en la ciudad de Armenia un comparendo electrónico de la Secretaría de Transportes y Tránsito de Medellín donde se especificaba que la infracción fue debido a que conducía en exceso de velocidad mostrando que la velocidad permitida es a 60km/h y la velocidad medida fue 73km/h.

Al realizar las respectivas averiguaciones del curso y pago de la multa con la Secretaría de  Transportes y Tránsito de Medellín, me informan que tengo un descuento del 50% dentro de los 11 días hábiles siguientes a la recepción, pagando únicamente $141.700 pesos y el pago sin descuento después de cumplidos los 26 días hábiles siguientes a la recepción, es de $283.400. Adicional a esto, sólo se aplica el descuento si el ciudadano se inscribe y asiste a un curso de educación vial.

¿Cómo es posible que siendo yo la infractora, el curso lo debe hacer la propietaria del carro que en este caso es mi mamá y todo lo debe hacer en la ciudad de Medellín siendo Armenia la ciudad donde el carro está matriculado?. Me parece injusto.

Hago un llamado de atención a la Secretaría de Transportes y Tránsito de Medellín porque parten
del supuesto que el comprador es quien consume el vehículo pero este es un bien que se presta para ser consumido por múltiples personas y la ley funciona, en este caso, para el comprador y no para el consumidor.

El Estado debe proveer herramientas para que los consumidores sean quienes resarzan sus faltas puesto que en últimas es el propietario del vehículo quien debe asistir a los cursos de educación vial y el consumidor realmente no tiene una lección aprendida, cometiendo así el Estado una doble “injusticia” pues sanciona monetaria y moralmente a quien no lo merece, si eso puede ser catalogado como una injusticia y no resuelve el problema de fondo, sino que simplemente sanciona por sancionar sin importar a quien. Parece que aplica la filosofía de hacer el mal sin saber a quien.

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