EL MARKETING DE ARMANDO
Saira Samur
Pertuz
Mistery Shopper Corner
La Republica
saira.samur@raddar.net
En estos días por motivos
laborales, tuve que desplazarme hasta donde un cliente de la oficina en pro del
desarrollo de ciertas actividades que requerían la colaboración y el trabajo
conjunto con funcionarios de dicho lugar. La secretaria está ubicada en un
lugar bastante distante y diferente a mi lugar habitual de trabajo, la primera
ubicada en la 26 y este último en la 116. Pero esta columna más allá de señalar
unas coordenadas, busca mostrar la diversidad y con ello las sorpresas que uno
se llevan cuando frecuenta sitios nuevos en esta enorme ciudad.
Pues bien, normalmente en mi hora
de almuerzo cuento con una gran variedad de delicias gastronómicas que de
acuerdo con el sector en donde se ubica mi oficina, los precios son algo
elevados ya que los restaurantes que la rodean, son de cierto prestigio o bien
son grandes cadenas que por marca y calidad tienen un mercado ya establecido, y
los comensales tienen claro y están de acuerdo
con los márgenes de precios ofrecidos. Evidentemente, este mismo panorama
no está presente en las zonas aledañas a la oficina de dicho cliente, aquí
también se puede encontrar una amplia variedad gastronómica, pero también una
amplia variedad de precios, y por obvia razones de calidad.
De este forma, el martes dado mis
antojos de comer pescado o algún tipo de comida de mar nos dirigimos al restaurante
Quilichao, el cual lo recomendó una de mis nuevas compañeras. La primera
sorpresa, el precio, un almuerzo con pescado, arroz de coco, patacón y jugo al
gusto $8.500, un precio bastante económico para la clase comida y sobre todo
para mí que por ese tipo de comida usualmente pago muchísimo mas. Segundo, la
atención, no conforme con el precio el mesero, llamado Armando, al ver que no consumí el caldo que ofrecían,
me obsequio otra porción más de pescado y como si fuera poco, dado que mi
ansiedad al ver un plato de arroz con coco era incontrolable pedí una porción
adicional, y Armando con el mayor de los gusto me la obsequio con la condición
“de que se siente en el mismo sitio y venga todos los días”, lo primero no es
difícil de cumplir, lo segundo, lastimosamente para mi es complicado. Al final,
pague por un almuerzo y medio el precio de uno normal, y rematamos con manjar
blanco por solo $500.
Decidí colocarle el marketing de
Armando, porque más allá del precio y más allá de sus obsequios la atención y
el interés porque el cliente vuelva, son 2 variables que cautiva y ejercen gran
impacto sobre los consumidores. Muchas veces, las campañas para consolidar una
imagen y para promocionar una marca, no son eficientes o bien pueden ser
potencializadas con pequeños detalles que hagan sentir al cliente especial. La
verdad me considero una persona exigente en términos culinarios sin mencionar
que soy quisquillosa y un tanto elitista, pero Armando me cautivo y sin
importar la ubicación, el sitio o la distancia, con gusto volvería a sentarme
en la misma mesa para disfrutar de un exquisito plato y de una impecable
atención.
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