lunes, 20 de febrero de 2012


EL MARKETING DE ARMANDO
Saira Samur Pertuz
Mistery Shopper Corner
La Republica
saira.samur@raddar.net

En estos días por motivos laborales, tuve que desplazarme hasta donde un cliente de la oficina en pro del desarrollo de ciertas actividades que requerían la colaboración y el trabajo conjunto con funcionarios de dicho lugar. La secretaria está ubicada en un lugar bastante distante y diferente a mi lugar habitual de trabajo, la primera ubicada en la 26 y este último en la 116. Pero esta columna más allá de señalar unas coordenadas, busca mostrar la diversidad y con ello las sorpresas que uno se llevan cuando frecuenta sitios nuevos en esta enorme ciudad.
Pues bien, normalmente en mi hora de almuerzo cuento con una gran variedad de delicias gastronómicas que de acuerdo con el sector en donde se ubica mi oficina, los precios son algo elevados ya que los restaurantes que la rodean, son de cierto prestigio o bien son grandes cadenas que por marca y calidad tienen un mercado ya establecido, y los comensales tienen claro y están de acuerdo  con los márgenes de precios ofrecidos. Evidentemente, este mismo panorama no está presente en las zonas aledañas a la oficina de dicho cliente, aquí también se puede encontrar una amplia variedad gastronómica, pero también una amplia variedad de precios, y por obvia razones de calidad.
De este forma, el martes dado mis antojos de comer pescado o algún tipo de comida de mar nos dirigimos al restaurante Quilichao, el cual lo recomendó una de mis nuevas compañeras. La primera sorpresa, el precio, un almuerzo con pescado, arroz de coco, patacón y jugo al gusto $8.500, un precio bastante económico para la clase comida y sobre todo para mí que por ese tipo de comida usualmente pago muchísimo mas. Segundo, la atención, no conforme con el precio el mesero, llamado Armando,  al ver que no consumí el caldo que ofrecían, me obsequio otra porción más de pescado y como si fuera poco, dado que mi ansiedad al ver un plato de arroz con coco era incontrolable pedí una porción adicional, y Armando con el mayor de los gusto me la obsequio con la condición “de que se siente en el mismo sitio y venga todos los días”, lo primero no es difícil de cumplir, lo segundo, lastimosamente para mi es complicado. Al final, pague por un almuerzo y medio el precio de uno normal, y rematamos con manjar blanco por solo $500.
Decidí colocarle el marketing de Armando, porque más allá del precio y más allá de sus obsequios la atención y el interés porque el cliente vuelva, son 2 variables que cautiva y ejercen gran impacto sobre los consumidores. Muchas veces, las campañas para consolidar una imagen y para promocionar una marca, no son eficientes o bien pueden ser potencializadas con pequeños detalles que hagan sentir al cliente especial. La verdad me considero una persona exigente en términos culinarios sin mencionar que soy quisquillosa y un tanto elitista, pero Armando me cautivo y sin importar la ubicación, el sitio o la distancia, con gusto volvería a sentarme en la misma mesa para disfrutar de un exquisito plato y de una impecable atención. 

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