CUANDO UN BUEN SABOR NO SE DISFRUTA
paola.cadavid@raddar.net
En el segundo puente festivo de
noviembre ese donde se celebra el reinado nacional de belleza, decidimos viajar
a esta ciudad después de culminar el primer evento de marketing que
realizábamos en nuestra empresa, el motivo principal por el que decimos viajar
en esta fecha en que la ciudad de Cartagena está atestada de turistas fue llevar
a dos de los conferencistas del evento que venían de Estados Unidos y tenían un
inmenso deseo de conocer la Heroica.
Han transcurrido varios años
desde mi última visita a esa hermosa ciudad, motivo por el cual lo primero que
hago antes de viajar es solicitar a mis conocidos referencias sobre lugares
para visitar, sobre todo los restaurantes de comida típica ya me parecía un
bonito gesto el permear a nuestros invitados de la comida típica de nuestro
país y sobre todo de nuestra región caribe.
El primer día los llevo al “Kiosko
El Bony”. Típico, antiguo, conocido y con una comida excepcional. El servicio,
de primera; más aún si se tiene en cuenta que la inclemencia del clima sólo la
intentan calmar con un ventilador. El mesero, vestido de camiseta, sonriente y
sudoroso; nos sugiere las delicias del día según lo pescado esa madrugada; trae
la comida caliente y las bebidas frías.
Para el siguiente día se me
recomienda “La casa de Socorro”, un restaurante de comida típica con aire
acondicionado y muchos meseros. Llegamos a las 3 pm, y aún está lleno.
Esperamos y nos ubican prontamente en una mesa cerca del aire acondicionado. Nuestros
invitados están felices. Hacemos nuestros respectivos pedidos: Entradas,
bebidas, algunos cocteles, y los platos fuertes.
Nuestra mesera se va con nuestro
pedido, y esperamos… 20 minutos, media hora, 40 minutos…
Esta demora nos molesta y me
quejo, e inmediatamente me llevan los cocteles con el hielo derretido. Ante
semejante situación y con invitados extranjeros, pido la cuenta. Y me llevan la
comida, las bebidas y las entradas, todo al mismo tiempo; logrando que por
primera vez vea un plato fuerte servido antes que la entrada. En la mesa no
caben los platos y para desocupar espacio, la mesera se nos lleva los platos
sin terminar para seguir trayendo más.
Con el hambre, la vergüenza y el
tiempo en contra, nos tocó quedarnos y “terminar” de comer los platos que no se
llevaron de la mesa. La cocina: deliciosa, pero la atención fue tan mala que el
sabor pasó desapercibido frente al mal servicio del Restaurante.
Y teniendo en cuenta que era el último
día y el último restaurante al que nuestros invitados iban en Cartagena, la
imagen de una glamorosa ciudad sólo dejo un mal sabor, ya que no sólo el error
de servicio fue enorme sino que nunca nos presentaron una solución a tema,
siendo así el caso de los platos como entradas y las bebidas después de la
comida, dejando ver que un buen producto queda comprometido con un buen
servicio.
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