lunes, 20 de febrero de 2012


CUANDO UN BUEN SABOR NO SE DISFRUTA
paola.cadavid@raddar.net
En el segundo puente festivo de noviembre ese donde se celebra el reinado nacional de belleza, decidimos viajar a esta ciudad después de culminar el primer evento de marketing que realizábamos en nuestra empresa, el motivo principal por el que decimos viajar en esta fecha en que la ciudad de Cartagena está atestada de turistas fue llevar a dos de los conferencistas del evento que venían de Estados Unidos y tenían un inmenso deseo de conocer la Heroica.
Han transcurrido varios años desde mi última visita a esa hermosa ciudad, motivo por el cual lo primero que hago antes de viajar es solicitar a mis conocidos referencias sobre lugares para visitar, sobre todo los restaurantes de comida típica ya me parecía un bonito gesto el permear a nuestros invitados de la comida típica de nuestro país y sobre todo de nuestra región caribe.
El primer día los llevo al “Kiosko El Bony”. Típico, antiguo, conocido y con una comida excepcional. El servicio, de primera; más aún si se tiene en cuenta que la inclemencia del clima sólo la intentan calmar con un ventilador. El mesero, vestido de camiseta, sonriente y sudoroso; nos sugiere las delicias del día según lo pescado esa madrugada; trae la comida caliente y las bebidas frías.
Para el siguiente día se me recomienda “La casa de Socorro”, un restaurante de comida típica con aire acondicionado y muchos meseros. Llegamos a las 3 pm, y aún está lleno. Esperamos y nos ubican prontamente en una mesa cerca del aire acondicionado. Nuestros invitados están felices. Hacemos nuestros respectivos pedidos: Entradas, bebidas, algunos cocteles, y los platos fuertes.
Nuestra mesera se va con nuestro pedido, y esperamos… 20 minutos, media hora, 40 minutos…
Esta demora nos molesta y me quejo, e inmediatamente me llevan los cocteles con el hielo derretido. Ante semejante situación y con invitados extranjeros, pido la cuenta. Y me llevan la comida, las bebidas y las entradas, todo al mismo tiempo; logrando que por primera vez vea un plato fuerte servido antes que la entrada. En la mesa no caben los platos y para desocupar espacio, la mesera se nos lleva los platos sin terminar para seguir trayendo más.
Con el hambre, la vergüenza y el tiempo en contra, nos tocó quedarnos y “terminar” de comer los platos que no se llevaron de la mesa. La cocina: deliciosa, pero la atención fue tan mala que el sabor pasó desapercibido frente al mal servicio del Restaurante.
Y teniendo en cuenta que era el último día y el último restaurante al que nuestros invitados iban en Cartagena, la imagen de una glamorosa ciudad sólo dejo un mal sabor, ya que no sólo el error de servicio fue enorme sino que nunca nos presentaron una solución a tema, siendo así el caso de los platos como entradas y las bebidas después de la comida, dejando ver que un buen producto queda comprometido con un buen servicio.

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